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ANCAP DELENDA EST

  • Foto del escritor: Fernando Doti
    Fernando Doti
  • hace 11 horas
  • 5 min de lectura

El Ministerio de Industria le pidió al Congreso de Intendentes que se comprometan a reservar una cuota de compra de cemento portland producido por ANCAP. La solicitud fue escrita en una carta por la ministra Fernanda Cardona hacia el presidente del Congreso de Intendentes Nicolás Olivera, en la que la secretaria de Estado evoca entre otros argumentos "soberanía productiva nacional", "dinamismo económico regional" y la "protección del empleo".

Pero lo cierto es que, la existencia de estos adefesios monopólicos como ANCAP, son precisamente la negación de la soberanía, atentan contra el dinamismo económico y generan desempleo. ¿Por qué? Porque todo su accionar se financia mediante impuestos extraídos coactivamente de la gente que trabaja y aporta, y, esa extracción de dinero es lo que hace que este falte, para invertir. Y sabido es que, solamente a través de la inversión privada (nacional o extranjera) es que se aumenta el stock de capital en una sociedad, que derivará en aumento de productividad y por ende, aumento del empleo y del nivel de salarios. 

En su pedido, la ministra agrega que, "Como es de público conocimiento, el rubro de pórtland de Ancap sufre pérdidas económicas importantes, alcanzando en 2024 una pérdida en el entorno de los 24 millones, circunstancia que requiere de una respuesta colectiva y coordinada desde el Estado en su conjunto". Resulta llamativo que con las pérdidas de mención se siga insistiendo en un negocio fallido. Es tan solo un lujo más que se dan los políticos con nuestro dinero. Una muestra más del despilfarro, la ausencia de incentivos a la eficiencia y la irresponsabilidad en el manejo de la cosa pública. A cualquiera de nosotros en cualquier emprendimiento que hagamos, si nos va mal, perdemos plata, no le pasamos la cuenta al vecino. Pero en el mundo paralelo de la política todo es posible, por ejemplo darse el lujo de hablar de pérdidas millonarias por año, como quien habla de cambiar figuritas para el álbum del mundial. 

La referencia a las pérdidas del año 2024, constituye además un pase de factura a la Administración pasada,  cuando en realidad son exactamente lo mismo en estos temas. Sin perjuicio de ello, omitió la ministra, hacer mención a las pérdidas de 31 millones de la división pórtland de Ancap en el año 2025. 

Pero ahí no termina el problema. El presidente del Congreso de intendentes, Sr. OLIVERA, ante el planteo manifestó que “La intendencia de Paysandú compra, más allá que es mucho más caro que otros cementos, nosotros compramos cemento ANCAP y creo que está bien”. No Sr. Intendente, no está bien. Seguramente para sus quehaceres particulares, a la hora de comprar portland no lo haga pagando el más caro, solo porque es “industria nacional”. 

Decía Milton FRIEDMAN que existen cuatro maneras de gastar el dinero. Una primera forma consiste en gastar el dinero de uno, en uno. Esa es la forma más eficiente, puesto que cada uno es consciente y sabe lo que le costó obtenerlo y el esfuerzo que tuvo que poner en ello. La segunda forma, es gastar el dinero de uno en otros, siendo el caso por ejemplo cuando vamos a un comercio a comprar un regalo para un amigo. En este caso, intentaremos hacer el mejor regalo que podamos, optimizando el gasto. La tercera forma, consiste en gastar el dinero de otros en uno. Aquí desaparecen los incentivos para el control puesto que, como es dinero que no nos costó esfuerzo, no lo valoramos. Y la cuarta forma, es gastar el dinero de otros, en otros, que es la forma en que gastan los políticos el dinero de los impuestos. Esta es la peor forma de gastar, puesto que no existe el más mínimo incentivo a control alguno. Así es como se despilfarra el dinero de la gente, jugando a la solidaridad, “a la soberanía nacional” con la plata ajena. Una inmoralidad. Se comportan como verdaderos megalómanos, creyéndose su propia grandeza.

El problema de base que subyace al planteo del Ministerio, es la existencia del monopolio. No importa si un monopolio es público o privado, el problema es la imposición legal del mismo a partir del uso del monopolio de la violencia, que conocemos como gobierno. Todo monopolio impuesto, significa un perjuicio al consumidor, quien se ve imposibilitado de elegir. A su vez, quien goza del monopolio no tiene ningún estímulo para crecer, mejorar sus productos y hacerlos competitivos, porque precisamente, sea cual sea su esfuerzo, tiene asegurada la demanda. En el caso de ANCAP, ésta no es empresa, ni tiene empresarios. No es empresa porque no arriesga de su propio capital y no asume las pérdidas sino que le pasa la cuenta al contribuyente. Y no tiene empresarios, porque sus directores son cargos políticos, algo que ya conocemos y que nos sigue costando demasiado caro: el 46% del litro de nafta son impuestos directos.

y nos sigue costando demasiado caro (el 46% del litro de nafta son impuestos directos). Este sobrecosto en los combustibles es el "impuesto invisible" que encarece toda la cadena productiva nacional. Pero no les alcanza. Ahora, el fracaso de la división pórtland —que debió competir y perdió— pretende ser subsidiado mediante una segunda vía, como es, obligar a las intendencias a comprar un producto más caro, encareciendo las obras públicas que también pagamos los ciudadanos con las tasas y patentes municipales. Es un doble torniquete al mismo bolsillo.

Distinta es la situación de quien luego de un proceso dinámico de libre competencia y como consecuencia de haber ofrecido a los consumidores un producto que satisfaga sus necesidades, de buena calidad y a un precio razonable, adquiera para sí por esa vía el “monopolio” de la oferta. En ese caso, claramente el “monopolio” (que no sería tal porque no hubo imposición estatal que lo estableciera) no es nocivo, porque surge de actos libres y voluntarios de los consumidores, quienes sin imposición alguna, optaron libremente por comprar los productos de esa empresa. Y si logra mantenerlo en el tiempo, no queda más que felicitar a ese servidor del prójimo en el que se transformó ese empresario. La dinámica del mercado determinará que, si ese empresario se duerme en sus laureles, seguramente, será sustituido por otro quien logrará detectar esa insatisfacción y ofrecerá un producto que logre conmover al público, pasando a posicionarse a la vanguardia en el mercado. De eso se trata la libertad, de poder elegir libremente sin imposiciones. Nadie mejor que nosotros mismos para saber qué es lo que necesitamos, nadie peor que un burócrata para decidir por nosotros.

Por eso, hoy más que nunca, vale la pena rescatar aquella histórica y lúcida consigna que el siempre recordado Guillermo Sicardi, utilizaba para titular sus columnas, y que hoy mantiene una vigencia dramática: ANCAP delenda est.

 
 
 

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